lunes, 7 de abril de 2008

[UBA] El rol de los medios durante el lock out patronal

REPUDIO AL ROL DE LOS

MEDIOS

DURANTE EL LOCK OUT

El informe completo de la UBA

Punteo para el análisis de medios entre los días 26 de marzo y 3 de abril de 2008

Ataca como partido y se defiende con la libertad de prensa

"Hay que cuidarse de ese diario. Ataca como partido político y si uno le contesta, se defiende con la libertad de prensa”, dijo César Jaroslavsky al referirse al modo de accionar del diario Clarín durante los años 80.

Esta frase va al nudo de un problema que los medios prefieren y necesitan ocultar para poder mantener el discurso de la “objetividad” y seguir instalados como quienes se limitan a “reflejar acontecimientos” de la vida social y política de la Argentina. Esta corriente (las teorías de la objetividad, el periodismo como espejo de la sociedad o la actividad periodística como reflejo del acontecer social) caracterizó las líneas de investigación hasta la década de los años 70 y si bien ha sido desplazada por las teorías de la construcción de la información o de la fabricación de las noticias en la mayoría de los ámbitos de enseñanza y reflexión sobre el periodismo y la comunicación, los medios de comunicación –en tanto empresas, por un lado y en tanto espacios de rutinas y lógicas profesionales de fabricación de noticias y, por ende, de construcción de sentido- se esfuerzan cada día para perpetrar, como sentido común, la corriente de la objetividad. Las dos razones básicas para que lo hagan son las siguientes:

a)de asumir que “los medios construyen una realidad” y no la “reflejan” se verían obligados a dar cuenta ante la sociedad de cuáles son esos mecanismos a través de los cuales fabrican las noticias, lo que implicaría que

b)deberían asumirse ya no como espacios en los cuales la vida social aparece “reflejada”, sino como actores sociales y políticos del acontecer de una Nación.

Reconocer estas dos cuestiones implicaría colocarse ya no sólo en el lugar del decir, sino que abrirían la puerta a que se les pudiera decir a ellos también.

Aquí reside una de las razones por las cuales el enfrentamiento de los medios con los gobiernos de Néstor y Cristina Kirchner es tan virulento. No se explica semejante nivel de enfrentamiento de parte de los medios con estos dos gobiernos si se atiende solamente a la cuestión empresarial: por citar sólo un caso, el gobierno de Néstor Kirchner le extendió las licencias de radiodifusión.

¿Entonces, cuál es el problema? La razón fundamental de tal nivel de virulencia en la crítica y en el cuestionamiento reside –más allá de profundas diferencias ideológicas que han quedado al descubierto desde un comienzo- en que estos dos gobiernos los han colocado en la escena pública como un actor más de la vida política y social de la Argentina y los han interpelado públicamente desde este supuesto.

Es decir, los han obligado no sólo a posicionarse en tanto actor político sino a dar explicaciones sobre los modos de construcción de la información (es decir, cómo es el procedimiento y el mecanismo a través del cual un acontecimiento se vuelve hecho noticioso) al ser interpelados ya no desde un lugar externo a la escena pública, sino como partes de la esfera política. Y esto, para quienes basan su poder político, simbólico y económico en la noción de distancia ecuánime con los acontecimientos es obligarlos a echar por tierra el modo en que se han definido desde su nacimiento.

La violencia simbólica

El lockout patronal agropecuario obligó a la ciudadanía a posicionarse como pocos acontecimientos lo han hecho en la historia reciente de la Argentina. Los medios no escaparon a esto y en la vorágine de no perder el lugar de una supuesta neutralidad han mostrado lo que desde siempre han querido ocultar: nunca quedaron tan en evidencia como en estos días los modos de construcción de la información.

La escalada de violencia simbólica y por momentos racista de los medios –sobre todo los electrónicos- dejó en claro qué posición la mayoría de éstos había tomado. Con el correr de las horas y de los días, este posicionamiento se hizo más evidente pero desde un principio -con mayor o menor nivel de brutalidad, con mayor o menor grado de sutileza- se colocaron en lugares de defensa de unos u otros intereses económicos y de sentido.

“La actuación de lo massmediático audiovisual resultó una experiencia casi inédita de impudicia, obscenidad ideológica y violentación de toda “objetividad” en cuanto a política de la imagen y de los encuadres de parte de los canales y sus noticias. Un cóctel de distorsión, analfabetismo, prejuicio y racismo. La espontaneidad de la dupla “movilero-locutor” para explicar las cuestiones que nos asuelan resultó una suerte de catarata indetenible que hizo estallar todo sentido sobre lo que realmente está ocurriendo en la crisis, ante ojos y oídos de millones de personas. Los acercamientos de cámaras donde 100 parecen 10.000, los diálogos donde es peor la ideología del cronista que la del propio entrevistado fascistoide, la conversión de la Sociedad Rural y Coninagro en revuelta de una suerte de “campesinado” andino escapando del napalm, la falta de toda intención ordenadora de los significados que están en juego hacen del noticierismo porteño la “natural” y/o alentada derechización ideológica con que se baña cotidianamente nuestra sociedad mirando la pantalla”, escribió Nicolás Casullo en la edición del 30 de marzo de 2008 de Página 12.

No es llamativo, pero es necesario consignar que Página 12 fue el único medio que dio cuenta del comportamiento y de los modos de cobertura de los medios de comunicación. Este tipo de columnas aparecieron publicadas durante casi todos los días del conflicto y en su edición del 3 de abril, el diario realizó una entrevista a semiólogos para que analizaran los discursos construidos.

Columnas como la de Casullo no son solamente una invitación a la reflexión. Es también la puesta en evidencia -y en palabras- de cómo los medios construyen y que sobre eso se puede y se debe hablar porque son un actor más en la vida social y política de una nación. Esta intención política de Página 12 se da de bruces con la noción de objetividad que pregonan slogans como “Periodismo independiente”.

Y en este sentido es más que notable ver cómo mientras Clarín (3 de abril de 2008), por ejemplo, dedicaba espacio al comunicado de ADEPA en el cual se decía que las coberturas de los medios son “noticias y opiniones expuestas sin otro propósito que reflejar la realidad”, en Página 12 se le daba importancia al pronunciamiento de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en el cual se habla de “recortes de la realidad”.


Cuando igualar desequilibra

El martes 25 de marzo a la madrugada, todos los canales de televisión colocaron en un nivel de igualdad informativa el discurso presidencial, los piquetes del agro y los “cacerolazos” de algunos barrios porteños. Esta equiparación es el primer síntoma desestabilización.

La regla básica de construcción de una nota es responder a la estructura de la pirámide invertida, esto es, responder en el primer párrafo o en el copete informativo, en el caso de los medios electrónicos a las 5 preguntas básicas del periodismo (qué- quién- cuándo- dónde- cómo). Dentro de la clasificación de noticias se encuentran lo que llamamos, “noticias del campo del hacer” y las “noticias del campo del decir”.

De lo anterior se desprende una segunda regla básica del periodismo: saber diferenciar dentro de las “noticias del campo del decir” el lugar de enunciación de quien pronuncia estas palabras y entender a partir de esto la jeraquización que se hará de la información. Cuando la televisión “parte la pantalla” y coloca en un pie de igualdad informativa la palabra presidencial y la de un “cacerolero” o el discurso presidencial es equiparado al de un líder agropecuario surgido de una asamblea, lo que se está haciendo, en realidad, es provocar un efecto de sentido que pierde de vista no sólo las jerarquías sino las implicancias de cada una de esa palabras emitidas. Para decirlo claramente: se equiparó desde un comienzo la palabra que provoca acciones de gobierno y la palabra que sólo da cuenta de un testimonio individual y de coyuntura.


La edición

En la misma madrugada del miércoles, los medios audiovisuales hicieron un “recorte” a través de los encuadres de las cámaras. Sólo una toma en perspectiva da cuenta, con algún grado mayor de imparcialidad, de cierta totalidad de lo que está ocurriendo (lo que no es otra cosa que en un texto escrito poner en contexto lo que se relata). Un plano corto y cerrado elimina la posibilidad de que el televidente pueda “ver ese contexto”. Este tipo de tomas fueron las utilizadas para “mostrar” la cantidad de personas que participaban de los cacerolazos.

A las 3 de mañana del ya miércoles 26, TN sumó a lo anterior una edición en la cual aparecía “el peligro” que generaban quienes estaban en la Plaza defendiendo al gobierno nacional.

La secuencia fue la siguiente: se mostraba a una imagen de un grupo de “caceroleros” y el sonido de estas imágenes era el ruido ambiente del golpeteo de las cacerolas y las voces que participaban de esta manifestación. La imagen fundía a negro y aparecía un grupo de “piqueteros” tomados de espaldas en cámara lenta y con niveles más bajos de luz y acompañaba a estas imágenes una música de película de terror similar a la de Tiburón cuando el animal está por atrapar a su presa. Todos los que trabajamos en y con los medios de comunicación sabemos que una película de suspenso no es tal sin la musicalización. Lo que aquí se dice sobre “atrapar a la presa” no es inocente: La Nación construyó el siguiente título en la tapa de su edición del miércoles 26: “Cacería para ganar la plaza”.

El contraste era claro: personas indefensas se están manifestando mientras la bestia está acechando para provocarles algún tipo de daño.

A esta construcción le precedieron comentarios de periodistas en piso, de cronistas en la calle, y de videograf que marcaban la diferencia entre “gente” y “piqueteros” y entre “vecinos” y “piqueteros violentos”. Esto que aquí se relata se vio sobre todo en: TN y en el programa especial que canal 13 puso al aire (conducido por María Laura Santillán y Santo Biasatti), para lo cual el canal del grupo Clarín levantó su programación habitual (estaba por comenzar un capítulo de “Mujeres asesinas”).


Las primeras dicotomías

Aparecieron por esas horas de noche del martes 25 y de la madrugada del miércoles 26 los primeros elementos de corte racista y clasista: Veamos algunos ejemplos:

- las diferenciaciones entre “gente” y “piqueteros” (TN; América, Canal 13)

- “piqueteros (…) dispersaron a los golpes a manifestantes” (La Nación 26 de marzo)

- diferenciación de “manifestantes” y “piqueteros”. Ejemplo: Nota “Ataque de grupos de piqueteros a los manifestantes de Plaza de Mayo”. (pág. 7 Clarín 26 de marzo)

- la noción de manifestaciones de “gente bien vestida y de color claro de piel” y la de “piqueteros” y “personas de tez oscura” (TN)

- el problema de a quién se le brindan los recursos provenientes de las retenciones (chiste de Nik en la contratapa del Suplemento Espectáculos de La Nación del domingo30 de marzo)

- la alusión de Crítica de la Argentina del 27 de marzo, en tono de sorna, al cambio de camisa de D Elía entre el martes 25 y el miércoles 26.

- la dicotomía de los “vecinos autoconvocados” o “ciudadanos que se manifiestan espontáneamente” VS “piqueteros violentos”, “militantes” o “grupos de choque”.

- “La familia agropecuaria se moviliza en las rutas”, dice La Nación del miércoles 26 de marzo y recurre a la construcción a través del recorte en el testimonio personal y con cierto dejo melodramático, al modo de las historias de vida, al que también recurrió Clarín por ejemplo el 30 de marzo y Crítica el 30 de marzo de 2008. Este mecanismo nunca fue utilizado para dar cuenta de por qué, por ejemplo, habían ido a la Plaza las personas que se manifestaron por las noches a Plaza de Mayo en apoyo al gobierno a quienes participaron del acto del 1 de abril.

Luis Bruschteiun logra dar cuenta al mismo tiempo de dos fenómenos diferentes en su nota de Página 12 del 2 de abril. Señala allí que vio en el acto del 1 de abril a un hombre con uniforme del SAME que llevaba un cartel que indicaba: “Señores de TN, yo también soy la gente”, al tiempo que otro cargaba otro cartelito con la leyenda: “Señores del campo: Vinimos a la plaza y no nos pagó nadie”. A través de estos relatos establece por un lado, lo ofendida que más de una persona pudo haberse sentido por lo que ciertos medios dijeron y escribieron a lo largo de estas jornadas y, por el otro, que quienes ofendieron fueron los medios de comunicación.

Estos datos color permiten retomar una noción que siempre ha servido como escudo de defensa para los medios de comunicación y pocas veces para los ciudadanos: que lo que debe recordarse es que la libertad de expresión de un medio o de un periodista es una parte de la ecuación.

La otra, la no tan reiterada desde los medios, se basa en el derecho fundamental que asiste a todos los ciudadanos de poder recibir la información.

Mario Wainfeld dio cuenta también de los gestos discriminatorios y racistas que comenzaban a aparecer en la cobertura de todo este conflicto de este modo: (Página 12 del viernes 28 de marzo):

“Caos y violencia: Durante años, cualquier embotellamiento derivado de cortes de calles o rutas fue tildado como “caos” por la mayoría de los medios y los comentaristas. El tractorazo, cuyo nivel de lesividad fue comparativamente altísimo, fue titulado como “paro histórico”. Las palabras algo indican. Pertenecer tiene sus privilegios.

Los manifestantes vulneraron límites jamás traspasados por los movimientos de desocupados: revisaron el interior de los camiones y forzaron un desabastecimiento nacional de bienes básicos, conducta que tiene muy pocos precedentes, todos ellos golpistas.

En el devenir de los cortes hubo también escenas de violencia, golpizas, un apuñalado en Chivilcoy, un hombre que murió tras haberse cerrado el paso a su ambulancia en Laboulaye. Todos saben que esas acciones no describen ánimo criminal sino exaltación y pérdida del mínimo sentido solidario. De todas maneras hubiera sido simpático algún reproche en los grandes medios a esos episodios. Dejamos para otro día hacernos cruces imaginando qué no se hubiera dicho si los manifestantes que “cerraron la tranquera” a una ambulancia con un enfermo terminal hubieran sido piqueteros.

La acción directa siempre tiene una dosis de violencia, cuanto menos simbólica. También la hubo en la narrativa de tantos medios, que alcanzó picos memorables. Este cronista escuchó a dos colegas, una movilera y una conductora reconocida, discernir entre la “gente normal” y los piqueteros que estaban en Plaza de Mayo el martes. La movilera tipificaba la normalidad: clase media alta. Ninguna se explayó sobre los rasgos distintivos de los anormales. ¿La pigmentación de su piel? ¿Su ideología? ¿La calidad de su vestimenta? El lector puede hacer su menú, que quizá contenga platos combinados”.

Y Roberto Caballero hizo lo propio en la edición del 27 de marzo de la revista Veintitrés:

“Veo a periodistas progres indignados por la ausencia policial en la zona de refriega y me deprimo, sinceramente.

Se me caen los ídolos. De a uno.

Veo a chicos de la Universidad de Belgrano ofendidos no tanto por las retenciones al agro como por las extensiones de Cristina.

¿Nadie se pregunta cómo sería el país sin las retenciones?

Yo les cuento, si quieren.

Con suerte el litro de leche saldría 6 pesos.

Un kilo de tomate, 22.

El asado, 30 o 40.

El lomo, señora, 95 o 100.

Una plantita de lechuga, 10.

No se entiende por qué la gente apoya algo que le daña el bolsillo.

O mejor dicho, sí, por el odio.

El odio del ´viva el cáncer´”


Cuando no decir dice más

Si la razón de ser y de trabajar de un periodista es la búsqueda de la información para lograr comprender primero y explicar después cómo se sucedieron los acontecimientos y por qué ocurrieron de esa manera, no termina de entenderse –si se piensa desde la buena fe y la ética- por qué Página 12 fue el único medio interesado en saber cuáles fueron las circunstancias en las cuales tuvo lugar el enfrentamiento físico entre D´Elía y Grahan.

Sólo este diario tomó testimonio a ambos. Allí pudo saberse que Grahan persiguió a D´Elía durante una cuadra mientras le gritaba “negro de mierda”, “servicio”. Los medos audiovisuales tomaron testimonio a Grahan y lo editaron junto a la voz de D´Elía cuando el lider de la FTV se refería a la “oligarquía”. Es decir que se construye un escenario en el cual se parte de la base de que toda persona relacionada con los movimientos de desocupados o “piqueteros” será violenta, por lo que su testimonio no es informativamente relevante. Lo importante, desde esa concepción ideológica, es saber qué fue lo que hizo que “en esta oportunidad nuevamente” el “piquetero actuara violentamente”, porque en esta lógica se descarta que así se comportará.

Otro elemento que permitió que en el aire se mantuviera este trato discriminatorio –expreso o sutil- fue la falta de repreguntas por parte de los periodistas o la ausencia de comentarios sobre algunas cuestiones específicas:

- Un manifestante de Gualeguaychú habla de los piquetes de los trabajadores desocupados como “piquetes de negros villeros”. El movilero de CQC utiliza el mecanismo de la repregunta pero sólo para la ironía y el humor.

- La diputada Alarcón dijo en el programa de Santo Biasatti “Otro tema” en TN de esta semana que “la gente de campo se levanta muy temprano para trabajar” y en ningún momento el periodista y conductor propone que hay otros millones de personas que no viven en el campo y que también madrugan para ir a desempeñar actividades tanto o más valiosas como las de un productor. Alfredo Zaiat fue el único que puso esta arista en cuestión: en la edición del 29 de marzo escribió: “¿por qué un productor –el dueño del campo- que se levanta a las cuatro de la mañana y maneja un tractor hace más “patria” que un obrero urbano –dueño sólo de su fuerza de trabajo- que se despierta a esa misma hora, viaja incómodo a la fábrica y opera una máquina industrial?

- En TN la cronista no se preocupa en preguntarle a algún “manifestante” por qué corrieron a golpes a una joven en Caballito cuando ésta pretendió “manifestarse” a favor del gobierno con un cartel que llevaba la consigna escrita a mano “fuerza Cristina”.


- Sólo C5N se preocupó por preguntar y averiguar contra qué o a favor de qué se manifestaba un joven de saco y camisa celeste que terminó con la cabeza ensangrentada luego de ser golpeado. Los canales dieron por supuesto que se trataba de un “cacerolero” porque estaba “bien vestido”. A través de C5N pudo saberse que se trataba de un joven que trabajaba en una dependencia del Estado Nacional –y por eso su vestimenta-, que había salido a manifestarse a favor del gobierno y que había sido golpeado por una persona que estaba “a favor del campo”.

- No se le dedicó ni en TV, ni en radio, ni en los medios gráficos casi ninguna importancia a la persona que murió en la ambulancia que fue impedida de atravesar un piquete agrario.

- No hubo una sola repregunta cuando el presidente de CARBAP dijo el 1 de abril por la noche casi a modo de amenaza pública que “hemos cumplido nuestro objetivo: ya nos demostramos y le demostramos a la Argentina que estamos en condiciones de desabastecerlo”.

- No se le hizo ninguna repregunta al vicepresidente de la Sociedad Rural cuando indicó que el tipo de manifestación podía notarse en el “color de la piel” de quienes la protagonizaban.

- Otro dato significativo es que por estos días no aparecieron ni columnas de constitucionalistas, ni especialistas consultados a través de las cámaras –como sí ocurrió durante diferentes piquetes anteriores y de desocupados- que explicaran la “inconstitucionalidad de los cortes de ruta”.


La desestabilización sutil

Hubo además de discriminación burda, desentabilización sutil. Se equiparó lo que ocurría en las calles y lo que protagonizaban los “vecinos” con la noción clásica de democracia participativa, que no es otra cosa que pueblo en estado de manifestación. Es decir, que se construyó la siguiente ecuación: el gobierno es autoritario y las demandas “de la gente” son más democráticas porque se hacen visibles en el espacio público.

Ya para estas horas se habían instalado algunas nociones que se mantuvieron en casi la totalidad de los medios gráficos y audiovisuales:

a) la noción de paro. Un paro es una huelga de trabajadores asalariados y lo que aquí estaba ocurriendo era un lockout patronal. Esta diferenciación no apareció en los medios audiovisuales hasta ya entrado en días el conflicto y de los medios gráficos sólo Página 12 lo presentó de de este modo desde un comienzo.

b) la noción de “medida de fuerza”, también en reemplazo de lockout patronal.

c) la idea de que los piqueteros eran aquellos que se acercaban a la Plaza de Mayo y que salían a defender al gobierno nacional “enviados” (dixit) por éste y que las personas que estaban cortando la ruta eran “manifestantes”. Por el absurdo podríamos decirlo de este modo: los “piqueteros” eran aquellos que no estaban cortando ni calles ni rutas y quienes cortaban rutas y calles no eran, en esta oportunidad, piqueteros.

Comenzaba a pasarse –para los observadores atentos- del acontecimiento “potencialmente mediático” a los hechos “absolutamente mediatizados”.


Lo espontáneo

Una de las construcciones más “mediatizadas” fue la noción de “espontaneidad” del cacerolazo: esta idea ya había sido celebrada en 2001 cuando se contrapuso explícitamente esta idea a la del aparato político que lleva almas esclavas a sus actos. La diferencia respecto de 2001 fue que luego de insistir una y otra vez con la “espontaneidad de las cacerolas”,

En la nota “No somos golpistas”, dicen los nuevos militantes del cacerolazo, de la página 21 de la edición del domingo 30 de marzo de 2008, los periodistas Juan Pablo Morales y Agustían F. Cronenbold escriben: “Su existencia se empezó a gestar en Semana Santa, cuando en muchos pueblos del interior agrupaciones relacionadas al campo convocaban a marchar el martes a las plazas de las ciudades. En la Capital, el domingo hubo una convocatoria vía e-mail de universitarios de la UBA: ´Se está armando una movida para ir a Plaza de Mayo el martes 25, a las 20 horas, para dar nuestro apoyo al campo´”.

Si los datos que aporta esta nota son ciertos, entonces por qué La Nación dice en la tapa de su edición del miércoles 26 de marzo que:

“Cacerolazos e incidentes tras las críticas de la Presidenta al campo”.;

“Una fuerte reacción social (…) sucedió a un duro discurso de la presidenta (…)”;

“Miles de manifestantes autoconvocados con cacerolas se habían reunido pacíficamente (…) Pero sobre la medianoche, piqueteros conducidos por Luis D´Elía y Emilio Pérsico dispersaron a los golpes a los manifestantes espontáneos”.

El mecanismo del causa/discurso presidencial- efecto/manifestación espontánea ganó el sentido e hizo perder de vista que los cacerolazos y la manifestación a Plaza de Mayo contra el gobierno había sido tan premeditada y previa a las palabras de la jefa del Estado como el lanzamiento del “paro por tiempo indeterminado” por parte de los sectores agrarios.

Página 12 hizo la diferencia con una herramienta muy sencilla y básica del periodismo: el relato cronológico de ciertos acontecimientos. Dice Página 12 en la bajada de tapa del miércoles 26: “Los dirigentes de las organizaciones agrarias anunciaron la continuación del lockout por tiempo indefinido. ¨No me voy a someter a ninguna extorsión´ respondió la Presidenta”.

Vemos aquí cómo con el verbo respondió se modifica el orden de los acontecimientos y se modifica por completo la realidad construida.

Página 12 finaliza la mencionada bajada del siguiente modo: “Por la noche, hubo cacerolazos en varios barrios porteños y una concentración opositora en Plaza de Mayo”. Notamos en este caso cómo dando un grado mayor de precisión, este diario logra, nuevamente construir otro escenario.

Se desprende de lo anterior que otra de las construcciones de los medios estuvo anclada en: la omisión de detalles y en la puesta de los hechos en una misma temporalidad eliminando la cronología que da contexto y explica muchos –sino todos- los hechos ocurridos.

Clarín utilizó un mecanismo similar al de La Nación. Tituló en su edición del 26 de marzo: “Cacerolazo tras el duro discurso de Cristina”. En el interior, el copete de la nota de la página 6 indica que “En todos los lugares arrancaron a las 20 convocados por mails y mensajes de texto” y dice en la nota “La convocatoria para marchar a la plaza de tu pueblo o ciudad´ se difundió en todo el país por Internet y mensajes de texto”. Sin embargo, en la nota de la página 7 se indica que las personas se agruparon “de manera espontánea en el Obelisco”.

Crítica de la Argentina hizo lo propio: En la página 4 de la edición del jueves 27 de marzo Javier Romero indica en su nota que “Una cadena de mails y de mensajes de texto convocando a un cacerolazo después del discurso presidencial se habían filtrado a manos de K”. Sin embargo, en la página 2, en la nota cuyo título es “Los batata modelo 2008”, el copete dice que “Un cacerolazo espontáneo con movilización a Plaza de Mayo culminó como 24 horas antes”.

Si bien en lo dicho aquí, La Nación y Clarín hacen una construcción similar, es importante marcar que La Nación se refirió a la medida de las organizaciones agrarias más como “conflicto con el campo” o “protesta” que como “paro”, palabra que eligió Clarín por encima de cualquier otra.

Por otra parte, La Nación hizo hincapié en la “violencia” ocurrida por el enfrentamiento de los manifestantes, mientras Clarín pone el acento en los manifestantes concentrados en la Plaza de Mayo y coloca en tapa una foto excesivamente similar a la que colocó en su portada del jueves 20 de diciembre de 2001.

Fue un exceso de casualidad en el recorte informativo y en la elección de la imagen. El escenario construido, entonces, desde la tapa del diario es que este 25 de marzo y aquel 19 de diciembre no tienen demasiado de distinto. Nuevamente es lo no dicho (el contexto político, la actualidad económica, la legitimidad electoral del actual gobierno, la pasividad de la protesta, entre otras cientos de variables) lo que habla. La falta de contexto es lo que termina construyendo escenarios en los imaginarios del lector.


Palabras que hacen que una imagen valga algo

Un mecanismo similar utilizó el diario Crítica de la Argentina. La frase remanida dice que “una imagen vale más que mil palabras”. A modo de ejercicio, se propone poner acaso en cuestión este dicho popular y ver qué efecto provocan, por el contrario, las palabras y qué le hacen éstas a imágenes que en sí mismas y por sí solas no dicen mucho.


Fotos sin editar

Fotos con edición.

Otro mecanismo menos burdo pero igual de peligroso y desestabilizador o por lo menos no aliado del llamado a la calma es apelar a ciertos fantasmas del pasado que permanecen en los imaginarios sociales más como consignas y como imágenes estáticas que como referencia a recuerdos explicados e interrogados por el conjunto de la sociedad. Crítica apeló, en su edición del 27 de marzo, a los “batatas” (persona que en el Mercado Central que en 1993 agredió a Marcelo Bonelli) y al “helicóptero” de De la Rúa (la imagen de la decadencia política y la deslegitimación pública de la figura presidencial, la que a su vez apelaba a otro helicóptero: el que utilizó María Estela Martínez de Perón cuando el golpe de Estado de 1976).


La edición gráfica

El trabajo periodístico de los diarios consta de dos instancias básicas: la escritura y la edición gráfica. El redactor pone toda su atención en su nota. El editor de sección, hace lo propio en el titulado de estas notas. Un lector distraído puede referirse a casualidades. Quienes trabajamos en y con los medios sabemos que el azar está bastante alejado del cierre gráfico de una sección.

Un ejercicio interesante para realizar con esta edición del diario Crítica es leer de corrido muchos de sus títulos y analizar la sensación que estos provocan:

Segundo round- Los batatas modelo 2008- Así se armó el operativo D´Elía- “Son muy bravos los Kirchner”- Más de cien cortes en todo el país- Se frenó la cadena productiva- Comer, una misión imposible- Demoras, cancelaciones y dársenas vacías

No es necesario ser muy avezado para darse cuenta que esta construcción da cuenta de un país en el cual reinan la violencia, el hambre, el desconcierto, la falta de previsibilidad y que pareciera se tratara de una nación en la cual ninguno de sus ciudadanos pudo en esos días seguir con sus actividades cotidianas.


miércoles, 2 de abril de 2008

Norberto Galasso sobre el lockout patronal.

Lo histórico y lo actual

Por Norberto Galasso *
pagina 12

Frente a los acontecimientos que suceden en relación
con el campo, ocurre que el ciudadano común se
pregunta a veces inocentemente: ¿cuál es la razón por
la cual tanto el gobierno de Perón como el actual se
atribuyen el derecho de quedarse con una parte de las
utilidades que provienen del "esforzado" trabajo del
mundo agropecuario? Reside aquí una de las tantas
trampas de nuestra historia y de nuestra política. Se
oculta que el negocio agropecuario, en cualquier parte
del mundo, tiene una renta, una ganancia, normal y
propia del capitalismo en que se vive, pero que
además, en la Argentina tiene una superganancia -que
ha sido llamada con razón "renta agraria diferencial"-
y es sobre esta que se produce hoy la acción del
Gobierno. Esto se origina en que el campo argentino
posee una fertilidad asombrosa -una capa de humus
importante que lo convierte en las praderas más
rendidoras del mundo y también un clima propicio que
evita gastos en tinglados y otros medios de protección
del animal-. En su momento, Federico Pinedo sostuvo
que en Argentina producir un kilo de carne costaba
ocho veces menos que producirlo en Francia. Años
después, Scalabrini Ortiz sostuvo que esa relación era
de 1 a 5. De uno u otro modo, esto significa que en
relación con los precios del mercado mundial, los
productores argentinos -salvo aquellos expoliados por
altos arrendamientos y con menor productividad por la
extensión de campos marginales- obtienen, cuando
venden al exterior, no sólo ganancias normales, sino
también esas "rentas diferenciales". Por esta razón,
cuando Perón les quitaba una parte de la renta
diferencial a través del IAPI y el control de cambios,
o ahora el Gobierno, a través de las retenciones, no
caen en pérdidas ni dejan de producir, lo cual
ocurriría si no existieran esas condiciones
excepcionales del campo argentino. Esta situación se
torna fabulosa cuando, además de la renta agraria
diferencial, los precios internacionales se desbordan
alcanzando valores asombrosos como últimamente, por
ejemplo, con la soja.

En la estrecha mentalidad rentística y parasitaria de
los dueños de los campos todas esas ganancias, la
normal, la diferencial y la proveniente del precio
internacional, les pertenecen a ellos por un regalo de
Dios, o de la naturaleza, como usted quiera. Para
ellos, esa ventaja excepcional no es de la Argentina,
sino únicamente de ellos, porque sus antepasados han
sido los "avivados" de la enfiteusis rivadaviana o los
amigos de Anchorena y Mitre, robándoles la tierra a
los gauchos, como denunció Hernández, o pagando a
tanto la oreja de indio para quedarse con las inmensas
estancias del sur. En esa vieja historia de
latrocinios están fundados los reclamos de hoy, que
son latrocinios también y que, a su vez, salvo raras
excepciones, tienen empleos parasitarios que ellos
mismos reconocen hoy cuando dicen que el número de
cabezas de ganado es el mismo de hace muchos años
atrás, pero que, desgraciadamente, los argentinos
somos más y les restamos los saldos exportables. Por
eso quieren exportar sin que les toquen los precios
altísimos y, al mismo tiempo, vender internamente a
esos mismos precios. A todo este panorama se suma el
trasfondo político del movimiento: suponen que con
cacerolas pueden hacer lo mismo que hizo el pueblo
contra la entrega y la impotencia de De la Rúa, pero
en eso también se equivocan. Vivimos otros tiempos y
el viejo mundo va quedando atrás indefectiblemente.

* Historiador y ensayista.

domingo, 16 de marzo de 2008

Universidad y Organizaciones Sociales: un camino para la integración de la Universidad en el Proyecto Nacional.*

Tras los muros.

Más allá de la diversidad arquitectónica de nuestras unidades académicas, tenemos la certeza de que todas ellas durante gran parte de su historia, han permanecido amuralladas, enclaustradas, con escaso contacto con la realidad nacional y social.

No desconocemos las implicancias de este debate que volvemos a plantear y la posición que sostenemos no significa negar que las Universidades Nacionales nos han brindado por años miles de profesionales sin los cuales nuestro país y nuestra sociedad no serían concebibles, posibles. Y nuestra Patria es un proyecto posible. Pero en esa posibilidad reside también la necesidad de derribar los muros que delimitan la función social que las Universidades pueden y deben tener. Es hora de inculcar un poco de claustrofobia en nuestros claustros, a partir de ensayar nuevas prácticas que transformen la enseñanza, la investigación, la extensión, la gestión universitaria, la política estudiantil, y todas las actividades universitarias que concibamos, en función de insertarlas, en mucho mayor, grado en la realidad nacional y social.

Los límites de éstas prácticas tienen que quedar claros. No sería posible ni deseable que las Universidades asuman responsabilidades que les competen a otros organismos del Estado. Está claro que nuestras Universidades Nacionales no pueden hacerse cargo de la salud de toda la población, de la administración de justicia, de la obra pública, de la alfabetización, de la definición de la política económica, o de las relaciones exteriores. Estas son funciones del Estado.

Pero eso no implica que no puedan ser parte en la solución de estos problemas, tanto en la elaboración de propuestas, como en una práctica que les permita ayudar y aprender al mismo tiempo. Y hay muchos ejemplos históricos y contemporáneos de utilización de la capacidad instalada universitaria en el aporte o soporte para la resolución de todo tipo de asuntos de la comunidad. Desde las prácticas más institucionalizadas en los institutos de investigación universitarios (en aquellos casos en los que los objetivos de la investigación se acoplan a alguna demanda o necesidad de la sociedad), hasta las iniciativas más cuestionadoras originadas en la voluntad de docentes, alumnos o investigadores, entre las que podemos incluir ejemplos de los más diversos, como los talleres para la producción de medicamentos o el Plan Fénix.

También debe quedar claro que la “bendición” académica de una idea, no le otorga categoría de Verdad absoluta por lo que las ideas propuestas no deben transformarse en ideas impuestas. Esto que parece una obviedad y que dicho así suena algo trillado, no lo es tanto para quienes tuvimos la oportunidad de estar de ambos lados del muro. Existe una concepción más o menos disimulada que equipara democratización del saber con difusión del saber académico hacia la comunidad, lo que lleva a una mirada unilateral y soberbia, y en definitiva a una vía muerta, sin retorno.

Entendido esto, se abre un enorme campo para la interacción entre las Universidades Nacionales y la sociedad. El Programa de Voluntariado Universitario es, sin duda, un avance sobre ese campo. Y un trabajo de sistematización de los resultados de algunas de las experiencias que desencadenó, nos permitirán entender la dinámica de la relación directa entre la Universidad y las organizaciones sociales. Y avanzar en una propuesta mucho más integral que nos permita implementar una política que sirva para que la Universidad al servicio del Pueblo deje de ser una consigna y se transforme en un avance irreversible.

Reseña histórica: La función social de la Universidad.

La Reforma de 1918 es tomada como emblema de las luchas estudiantiles en nuestro país y en Latinoamérica. Un análisis minucioso del periodo quizás podría aportarnos más elementos comparativos respecto del impacto que tuvo este hecho significativo para la región. Por momentos, parece haber desencadenado procesos políticos más profundos fuera de la Argentina que en la Argentina misma. Arturo Jauretche considera que en otros países de Latinoamérica, la Reforma “representó una aproximación del universitario a la realidad inmediata” (1). Quizás el caso mas significativo en este sentido sea el del Perú, donde los acontecimientos del ‘18 inspiraron la creación del APRA, fuerza política de amplia representación popular, con Haya de La Torre como su principal protagonista.

De todas maneras, la Reforma implicó un importante quiebre en la realidad universitaria nacional, dando por tierra con la anquilosada estructura de participación y gobierno estatuido, como correlato del clima de ascenso y participación de las capas medias argentinas cristalizadas en el yrigoyenismo.

La Reforma marcó la agenda de la política universitaria de los siguientes años. Si bien muchas de sus reivindicaciones no tuvieron la fuerza para cristalizarse en términos institucionales en aquel momento, encontrarían gran asidero en momentos de mayor movilización social y participación popular. Este es el caso de la gratuidad de la enseñanza universitaria, uno de los principales ejes programáticos del 18, que recién pudo ser implementado bajo el primer gobierno peronista con la Reforma Constitucional de 1949.

Uno de los elementos novedosos de la Reforma es la extensión universitaria como eje político del movimiento estudiantil. Es decir que el ideario reformista no sólo planteaba reformas en términos de representación y gobierno, sino que también ponía sobre el tapete la función social de la Universidad (2). Por primera vez en la historia universitaria de nuestro país se plantea la vinculación entre la Universidad y la sociedad. Lamentablemente este será el costado más deficitario de la Reforma, puesto que no se planteará prácticamente ningún cambio en este sentido. La responsabilidad social de la Universidad sería una deuda reformista, convirtiéndose en un ladrillo más en el muro de las luchas inconclusas de los estudiantes y del pueblo.

La vinculación real de la Universidad con las problemáticas nacionales buscará expresarse con más fuerza recién bajo el peronismo. Con sus contradicciones (un movimiento estudiantil adverso y sectores poderosos de la jerarquía eclesiástica con el control de la Universidad), el primer peronismo logrará importantes avances –aunque también inconclusos- en la integración estratégica de la Universidad al Proyecto Nacional de desarrollo autónomo. Mencionaba líneas arriba, cómo el peronismo recupera una de las principales banderas reformistas como es la gratuidad de la enseñanza universitaria, garantizando el acceso al hijo del obrero y sentando las bases de la universidad de masas, dando por tierra con el fuerte corte elitista que se venía sosteniendo.

Pero el punto de ruptura más fuerte del primer peronismo se va a dar en el año 1948 con la creación de la Universidad Obrera Nacional (UON). Esta nueva Universidad tenía sus antecedentes en el mismo peronismo con la creación y el fomento de las escuelas técnicas orientadas al modelo industrialista que se venía desarrollando en el país. Los egresados de estas escuelas tenían un condicionante muy fuerte para ingresar a la carrera de Ingeniería de la UBA, por disposición de las mismas autoridades que conservaban un fuerte sesgo de elitismo. Su acceso también se veía restringido por la disposición horaria que tenía la carrera, que obligaba al obrero a dejar su trabajo para dedicarse exclusivamente al estudio. Sin duda, otro elemento más de fuerte signo elitista. De allí el origen de la UON, como búsqueda de sortear la contradicción que impedía colocar la Universidad al compás de las necesidades del país. Siguiendo a Aritz e Iciar Recalde, “para permitir el ingreso de los sectores populares a la educación superior se implementarían horarios de clase compatibles con los itinerarios laborales” (3).

De todas formas, la UON será otro proyecto inconcluso y obturado por el golpe de Estado del 55. Hacia 1959, esta institución será rebautizada por la Revolución Libertadora como Universidad Tecnológica Nacional, alterando fuertemente su función social.

La historiografía liberal ha construido la idea de que del ‘56 al ‘66 existió una Época Dorada para la Universidad contraponiéndola a la Edad Oscura que suponía la Universidad bajo el peronismo. Existen muchos debates acerca del acierto de esta idea. Lo cierto es que en este período se funda el Departamento de Extensión Universitaria de la UBA, cristalizando institucionalmente una de las banderas del 18: la función social. Pero más importante aún fue la experiencia piloto que llevó adelante este departamento en la Isla Maciel. En palabras de Carla Wainztock, se trataba de un “proyecto pedagógico político”(4). Este consistió en una serie de actividades de apoyo escolar y de recuperación de desertores escolares, en la cual participaron equipos de todas las facultades de la UBA.

Juan Carlos Marín, uno de los protagonistas de esta experiencia, nos aclara el objetivo que compartía con sus colegas: “El objetivo hacia dentro de la Universidad era que la Universidad tuviera una relación permanente con el medio social, en particular con los sectores más desfavorecidos. Porque la otra forma de relación, con los sectores más favorecidos, la tenía normalmente. Nosotros lo que queríamos era romper el clima del privilegio universitario. Esa era la idea-fuerza más importante, era una lucha contra el privilegio. Nuestro programa, por eso, era esencialmente político; era tratar de que la Universidad tuviera una articulación con los sectores más desfavorecidos.” (5)

De lo citado podemos observar la soledad de la experiencia frente al modelo de Universidad que se venía forjando en función de otros intereses, más cercanos al de las grandes empresas multinacionales y más alejado de los intereses populares. Justamente, con respecto a la injerencia de las empresas y los organismos extranjeros, en los documentos del Seminario convocado por la FUA en 1962 se planteaba lo siguiente: “Por no responder a una planificación nacional de las investigaciones el carácter de las misma es totalmente anárquico. Esta anarquía de la producción intelectual marcha paralela con la anarquía de la producción material, propia de la ‘libre empresa’ capitalista. (...) Si la investigación de los cientificistas responde a algún plan, es solamente al de los organismos extranjeros (...) que contratan sus servicios.” (6)

El golpe de Onganía en 1966 y su correlato en la Universidad, la “Noche de los Bastones Largos”, intentó imponer una economía sujeta a los designios del capital extranjero, al mismo tiempo que trató de modelar una universidad para pocos, mediante el establecimiento de exámenes de ingreso, y desconectada de los dramas del país y de los sectores populares.

Hacia el año 1973, la primavera camporista y la vuelta inminente de Perón planteaban el regreso a un modelo de desarrollo autónomo con una fuerte presencia del Estado en las definiciones político-económicas, tendientes a garantizar un mayor porcentaje en el PBI para los sectores asalariados.

El alto grado de movilización popular y de transformación de las estructuras de la dependencia, encontraban un fuerte correlato en el Proyecto de Universidad perseguido. Observamos a lo largo de nuestra historia cómo a cada modelo económico-social corresponde un determinado modelo de Universidad. En su mensaje a la Asamblea Legislativa, Cámpora definía claramente la necesidad de que la Universidad se insertara activamente en el proceso de desarrollo social y productivo del país:

“Nos preocupa, ciertamente, ordenar la universidad en su función social y en su planeamiento institucional. Porque tenemos una clara idea política del país sabemos que el único encauzamiento posible puede darse en la medida en que la universidad se realice como respuesta efectiva dentro del proyecto político nacional. Pero este principio teóricamente válido no quita las enormes dificultades que se tendrán que salvar, en la realización inmediata, para superar la encrucijada de la crisis actual. En efecto, más allá de sus cíclicos desplazamientos docentes como constantes históricas de su pasado, la universidad se nos ofrece en estos momentos en una caótica coyuntura. Resulta ello lógico si se analiza el proceso de los últimos años viciado por la falta de una política coherente con el país e incluso consigo misma. Las medidas aisladas, sin contexto global, los programas segmentados sin visión de conjunto, los dimensionamientos meramente cuantitativos y geográficos sin esquemas de unidad global ni ponderación de recursos humanos y financieros, la prevalencia de una tecnocracia vacía por falta de objetivos, la adopción de resoluciones presionadas por impulsos circunstanciales de intereses sectoriales, todo ello configura un difícil cuadro de situación que para ser superado necesitará de un profundo y sistemático esfuerzo que apunta más hacia logros futuros que eventuales éxitos inmediatos.” (7)

La Universidad Nacional y Popular -como fue llamada en esta época- empezaba a proyectarse claramente como Universidad de masas, rompiendo las barreras del elitismo tradicional. La enseñanza superior debía abrirse de modo tal de incrementar exponencialmente el número de alumnos. Por consiguiente, resultaba imprescindible disponer de un sistema de ingreso que no obturara las posibilidades de estudio para la juventud. (8)

Partiendo de la concepción de que toda la población tenía el derecho a acceder a la educación, se impulsó la articulación de las estructuras universitarias “… de manera tal que progresivamente le permitan acercarse al ideal de llegar a todos los habitantes de la nación.” (9) De esta manera, la Universidad debía exclaustrarse, “… llegando con contingentes de sus integrantes a todos los sectores donde se desarrollen actividades sociales, económicas, políticas, administrativas, etc., de las cuales tenga algo que extraer y para actuar sobre ellas, mejorándolas o aumentando su índice de eficacia social.” (10) La consigna era “… convertir a todo el país en el escenario de la enseñanza…” (11)

En consecuencia, el abordaje de las problemáticas sociales era el eje fundante de este modelo de Universidad al servicio del Pueblo. Se establecieron apoyos jurídicos gratuitos a cargo de docentes jóvenes y de estudiantes de los últimos años, se dispuso de asistencia sanitaria preventiva en muchas villas, llegaron a conformarse estructuras de apoyo a las pequeñas empresas desde el punto de vista contable y administrativo, se desarrollaron fábricas de genéricos para cubrir las necesidades de los hospitales públicos, y se firmaron convenios de “Asistencia recíproca para la elaboración y ejecución de proyectos científicos y tecnológicos de apoyo a los planes de los gobiernos nacional y provincial, en el ámbito de la provincia de Buenos Aires”. Desde la UNLP, se participó activamente del operativo Plan Provincial de Reconstrucción “Gobernador de Buenos Aires Coronel Manuel Dorrego”, el cual consistió en una labor conjunta entre efectivos militares y la Juventud Peronista en las zonas anegadas por las lluvias.

En julio de 1973, se crearon por resolución del Consejo Superior de la UNPBA, los Centros Pilotos de Investigación Aplicada (CEPIA). Estos funcionaban como equipos interdisciplinarios conformados por docentes y alumnos, que trabajaban en territorios marginales de la Capital Federal y Gran Buenos Aires. Aritz e Iciar Recalde sistematizan algunas de sus funciones:

“Investigar el grado de satisfacción de las necesidades populares en donde desarrollan sus tareas los centros; investigar si la formación proporcionada a los egresados de la UBA, se ajusta a la plena satisfacción de las necesidades populares en las zonas investigadas; investigar cuales son los cambios estructurales que deben promoverse en la enseñanza que proporciona la UBA, para la plena satisfacción de las necesidades populares; investigar cuales son los cambios estructurales que puede promover la UBA a las autoridades de la Nación para el mejoramiento y el perfeccionamiento de los servicios que presten los distintos organismos y empresas del Estado; proporcionar a la población de las zonas investigadas, asistencia complementaria; desarrollar conclusiones sobre el trabajo interdisciplinario.” (12)

La acción de los CEPIA era concebida como complementaria de las organizaciones barriales representativas, y las tareas realizadas tomaban como punto de partida las necesidades detectadas junto a las mismas. Esto sin duda, significó una modalidad innovadora de abordaje de la realidad y la posibilidad de que sujetos no universitarios participaran activamente en el diseño, ejecución y evaluación de las investigaciones.

En palabras de quien fuera uno de sus principales protagonistas, el rector de la Universidad Nacional y Popular de Buenos Aires, Rodolfo Puiggrós, el objetivo era claro: “Aspiramos a que el universitario no sea un ser aislado a la espera de un título. Aspiramos a su compromiso con el Proyecto Nacional”.

Podemos decir que el profundo vínculo establecido entre la Universidad Nueva y las problemáticas nacionales y populares, a partir de numerosos proyectos y prácticas, contemplaba una dimensión política: el relacionamiento de los estudiantes con la realidad del país y sus problemáticas; una dimensión pedagógica: la integración del conocimiento teórico (13) y la vinculación temprana, en muchos casos a la investigación; y una dimensión social: los aportes producidos por la acción social y la investigación vinculadas al desarrollo social y productivo del país devolvían a la sociedad el trabajo que ésta invertía en el sostenimiento de la Universidad.

En 1974 se sancionaba la Ley 20.654, también conocida como Ley Taiana, la cual planteaba la integración y el compromiso de la Universidad con el desarrollo nacional y regional, al mismo tiempo que propugnaba la coordinación y planificación conjunta con los diferentes organismos estatales y organizaciones libres del pueblo. Se definía una orientación “… tendiente a establecer la independencia tecnológica y económica.” (art. 2, inciso b). La ley prohibía la injerencia dentro de la Universidad de intereses contrarios al desarrollo y bienestar de la nación: “Es incompatible con el ejercicio de la docencia universitaria o funciones académicas que le sean correlativas, el desempeño de funciones jerárquicas o de asesoramiento, remuneradas o no, al servicio de empresas multinacionales o extranjeras, como así también la pertenencia a organizaciones u organismos internacionales cuyos objetivos o accionar se hallen en colisión con los objetivos de la Nación.” (art. 11). Además, establecía la participación docente, estudiantil y no docente en los órganos colegiados de gobierno universitario; la gratuidad de los estudios superiores; la responsabilidad estatal en el financiamiento de las Universidades nacionales; y creaba también un sistema de becas orientado hacia las carreras estratégicas.

Aquella Universidad era posible porque el país atravesaba un proceso de avanzada popular. Pero pronto fue obstaculizado por el golpe del 76 y la instauración del neoliberalismo.

La Universidad nacional ha sido modelada desde la última dictadura militar hasta nuestros días bajo una fuerte impronta neoliberal. El trío castrense barrió a fuerza de bayonetas hasta el último nicho de resistencia existente en las aulas para avanzar en la implementación de un modelo económico basado en la especulación financiera, un Estado mínimo y una apertura económica indiscriminada que dio por tierra con nuestra industria nacional. Durante el gobierno militar se redujo de manera drástica el presupuesto para educación, se cerró la Universidad Nacional de Luján, se suprimieron carreras y cátedras, se modificaron los planes de estudios, se desfinanció la investigación y la extensión universitaria, se implementó el arancelamiento, exámenes y cupos de ingreso, se cerraron los comedores universitarios y se cancelaron las becas estudiantiles, al mismo tiempo que se alentó el crecimiento de las universidades privadas. Atrás quedaba aquel Estado de Bienestar que intervenía fuertemente en los destinos de nuestra economía. Atrás quedaba aquella Universidad Nacional y Popular del ‘73 respaldada por la intransigente Ley Taiana.

Partiendo de la base de que a cada modelo económico-social corresponde un determinado modelo de universidad, observamos cómo a partir de 1976 se da un quiebre en el modelo de acumulación que caracterizó al Estado de Bienestar, dando lugar al modelo neoliberal, con su correspondiente correlato en la Universidad.

La recuperación democrática del 84 -mal que nos pese- no significó la vuelta a la Universidad con responsabilidad social. Por decreto del Poder Ejecutivo pusieron en vigencia los estatutos en uso hasta 1966, omitiendo toda normativa al respecto establecida durante el último período democrático (1973-1976). Este decreto suscitó grandes controversias, ya que no fijaba plazo a la intervención, no reincorporaba a los cesanteados y prescindidos, no anulaba los concursos de la dictadura, y no reestablecía la Ley Taiana, desconociendo el mandato del último Congreso elegido democráticamente. En este período comenzó a desarrollarse un nuevo concepto de extensión universitaria: recitales, cursos, cines, etc. La articulación con sindicatos y organizaciones sociales no tuvo relevancia alguna. El modelo económico-social imperante seguía siendo el mismo al instalado en la segunda mitad de la década del 70. Por lo tanto el modelo de Universidad no cambiaría más que en sus formas de elección y de gobierno.

El tiempo nos ha mostrado que a cada modelo económico-social corresponde un determinado modelo de Universidad. La década del 90 significó en términos económicos la profundización del modelo neoliberal imperante desde el 76, teniendo un correlato muy fuerte en la Universidad.

Así, durante los años 90 se fue forjando una Universidad de espaldas al conjunto de la población, reforzando su corte elitista. No sólo porque buscaba restringir el acceso a los sectores populares a través del recorte presupuestario y el arancelamiento encubierto, sino porque su sentido institucional estaba puesto en función de los intereses transnacionales ajenos al fortalecimiento del Estado y la Nación. La Universidad era una mera reproductora de los preceptos de Washington, siguiendo los cánones neoliberales de producción de conocimiento, regidos por planes de categorizaciones y de incentivos, que envuelven a nuestros investigadores en el estrecho mundo de la producción de papers y ponencias sobre infinidad de temáticas que por su cosmopolitismo y falta de direccionalidad -en muchos casos- no conducen a nada.

El modelo de los 90 era devoto de aquella Universidad Isla que aún hoy se sigue reproduciendo. Una Universidad autocomplaciente que produce un conocimiento para sí misma, ajena a cualquier tipo de problemática nacional. La extensión universitaria ocupaba un rol totalmente secundario. Javier Lorca, periodista de Página/12, graficaba muy bien esta situación cuando decía que la extensión universitaria era la “hermanita pobre de la docencia y la investigación”. En todo caso, “la extensión universitaria” había sufrido un proceso de resignificación importante:

“Las actividades de extensión universitaria proliferan en las facultades de la Universidad de Buenos Aires, con una oferta bastante curiosa: hay desde programas solidarios y comunitarios, hasta cursos de platería, cría de carpinchos y clases de esloveno, por mencionar algunos. El problema es que no hay un marco que regule su funcionamiento, ni tampoco cuentan con financiamiento, por lo que muchas actividades resultan aranceladas a veces para autofinanciarse, a veces para generar recursos.” (14)

Si bien este modelo fue resistido por amplias movilizaciones estudiantiles, como aquellas que resistieran la promulgación de la Ley de Educación Superior en 1995, logró imponerse con mucha fuerza. También encontró importantes excepciones. Por mencionar algunas, se conforma en el año 2000 en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA el Plan Fénix como usina de pensamiento de una planificación económica alternativa al modelo neoliberal. La Universidad comenzaba a encontrarse con la Nación, pensaba nuestras problemáticas y rompía los moldes del Pensamiento Único. También expresaron excepciones importantes los modelos de planificación de algunas universidades como la de Lanús, que desde sus inicios comienza a romper los muros facultativos para encontrarse con la población y sus problemáticas cotidianas, incorporándolas a la formación profesional.

Los pilares de este modelo todavía tienen cimientos fuertes en la actualidad, si bien empiezan a cuestionarse cada vez con más fuerza. El debate en torno a la derogación de la Ley Universitaria Neoliberal y la implementación de una nueva Ley acorde al Proyecto Nacional en marcha es un paso en ese sentido. Otro aporte importante en dar por tierra con el enclaustramiento universitario es sin dudas el Programa de Voluntariado Universitario, que vuelve a plantear con fuerza (esta vez como iniciativa del Ministerio de Educación pero con una importante respuesta de la comunidad académica) el imbricamiento necesario entre la Universidad y la sociedad, obligando a pensar desde cada especificidad académica las problemáticas nacionales y cotidianas de nuestro Pueblo. El Programa fortalece una formación profesional con sentido social a la vez que implica una devolución en términos institucionales de la Universidad respecto de la sociedad. Es positivamente disruptivo del modelo enclaustrado y elitista que se venía forjando en los últimos 30 años.



Democratización.

El proceso de reconstrucción nacional en marcha abre la necesidad de resignificar el rol de la Universidad y su misión como institución; desarrollar su inmenso potencial en esta nueva etapa que se abre en la Argentina; repensar la articulación entre extensión, investigación, docencia y los desafíos de la coyuntura. En suma, poner nuestra ciencia y la capacidad creadora de los recursos humanos que le dan vida, a disposición de un proyecto de país fundado en valores de justicia social y soberanía nacional.

La Universidad no fue ajena a la salvaje ofensiva neoliberal que atravesó a nuestra Patria durante la década de los 90. Al latido de las premisas del Banco Mundial, se produjo un profundo proceso de mercantilización del conocimiento, desculturización, elitización y progresiva privatización de la educación pública en todos sus niveles. Revertir este proceso implica no sólo luchar por mayor presupuesto para la Universidad, por democratizar su estructura o por cambiar el elenco estable que la gestiona desde hace más de 20 años. La verdadera reforma no es defender solamente un ingreso formalmente irrestricto (condición necesaria, pero no suficiente), si no construir una sociedad donde el ingreso a la Universidad sea realmente irrestricto, donde el hijo del obrero pueda egresar como ingeniero.

Se hace necesaria la construcción de una Universidad donde autonomía signifique la necesaria independencia de las administraciones de turno, pero nunca la desafección de su responsabilidad en el devenir de las mayorías sociales y del destino nacional: el reclamo por la mera autoreproducción de una institución/fábrica de profesionales liberales ya no puede ser el único norte de las reivindicaciones de sus miembros, sin caer en la negación de la realidad circundante o en un abierto cinismo.

En este marco, el tan mentado debate en torno a la democratización merece una mirada que dé cuenta de las contradicciones que atraviesan las visiones más atadas a un autonomismo conservador; para más de un sector, coartada para recusar el contralor del Estado defendiendo privilegios y negociados; para otros, y en el mejor de los casos, para sostener posiciones pretendidamente transformadoras, que en el fondo son emergentes de una concepción elitista que desconoce la necesaria imbricación entre el proceso de transformación de una institución estatal (la Universidad), y la dinámica general del cambio social.

Reducir la discusión en torno a la democratización de las altas casas de estudios a la paridad docente estudiantil en los órganos de co-gobierno, implica ocluir por medio de reivindicaciones sectoriales, el necesario e ineludible debate en torno a la formidable contradicción que atraviesa una institución sostenida con el trabajo diario de las mayorías sociales, a la que sólo puede acceder un sector minoritario de la sociedad.

La respuesta al problema de la Universidad, articula la necesidad de democratizar su vida interna y desplazar las camarillas que lucran con su autismo, con la resolución del nudo gordiano que atraviesa nuestro devenir como Nación: “O inventamos o erramos”. O construimos un proyecto de país soberano, de y para las mayorías sociales, o volvemos al neoliberalismo excluyente y desintegrador.

Sin la comprensión de esta disyuntiva del presente, todo intento de “democratización”, merece ser puesto en cuestión en tanto atajo para la ruptura de una hegemonía al interior del sistema universitario, para la imposición de otra; ambas, más allá de autodeclamadas pretensiones transformadoras, ajenas a la resolución del drama social que nos atraviesa como Nación.



Las Organizaciones Sociales.

Para proponer políticas eficaces que relacionen a la Universidad con las organizaciones sociales, tenemos que profundizar en una definición y una descripción de estas organizaciones, en el rol que cumplieron históricamente y en su rol actual. También en su grado de inserción social, para delimitar el alcance de estas políticas en la tarea de relacionar la Universidad con las necesidades nacionales y sociales.

En un sentido amplio, las organizaciones sociales incluyen a los sindicatos de trabajadores, a los movimientos de desocupados, a las asociaciones profesionales, a los organismos de Derechos Humanos, a los movimientos en defensa del medio ambiente, a las organizaciones de género y a cientos de organizaciones no gubernamentales con distintos objetivos (explícitos o no). Pero si pretendemos focalizarnos en el desarrollo de propuestas de interacción que permitan derribar los muros del aislamiento entre la Universidad y la sociedad tendremos que detenernos en el análisis de las que resultan más relevantes por su grado de inserción social y por el potencial que podríamos desplegar a partir de vincularlas con nuestras universidades.

Las organizaciones que surgieron de la resistencia al neoliberalismo, principalmente como movimientos de desocupados, evolucionaron por distintos caminos a medida que la recuperación del empleo les impuso una transformación.

Durante los años de la hiperdesocupación, se adueñaron de las rutas y de las calles para reclamar trabajo y confrontar contra un modelo que excluía a la mayoría de la población. Obtuvieron la implementación de distintos planes de emergencia que fueron inicialmente otorgados a quienes protagonizaban la confrontación y luego del colapso del 2001 fueron generalizados a millones de “jefes y jefas de hogar”.

A partir de la salida de la crisis, las organizaciones sociales, algunas oficialistas, otras opositoras, ampliaron el marco de su accionar, incorporando la implementación de las políticas de inclusión social que el Estado generó al irse superando la emergencia. Principalmente las políticas de subsidios y asistencia para emprendimientos productivos, que permitieron la conformación de cooperativas y la inclusión en el trabajo de miles de personas. Las necesidades que surgen de estos proyectos son múltiples: se necesita apoyo para la gestión, para la capacitación, para la incorporación de tecnología, para el estudio de la factibilidad económica de los proyectos, etc. En este campo, las Universidades pueden aportar a cubrir todas estas necesidades. Ya se han llevado adelante muchos convenios con distintas universidades y facultades que permiten demostrar el potencial de esta interacción.



Universidad y Organizaciones Sociales.

Desde la perspectiva que sostenemos, las organizaciones sociales, entendidas como factor dinámico emergente del proceso de recomposición social que estamos atravesando en nuestra Patria, cifran su potencial aporte en la apertura de las universidades al protagonismo tanto de la comunidad como de otras instancias del Estado, en la definición de sus contenidos, métodos de enseñanza y definición de líneas de investigación.

De esta manera, la creación de Consejos Sociales, y otras instancias de planificación del sistema educativo superior en íntima relación con las organizaciones sociales, gremiales, económicas, entre otras, implicarían un primer aporte en la redefinición de un proceso de democratización entendido como progresivo involucramiento de los sectores populares en las decisiones del gobierno universitario, y en la disputa de sentido en torno a la responsabilidad de profesionales y futuros profesionales en la tríada “universidad - reconstrucción nacional - bienestar de las mayorías populares”.

La implementación del Servicio Social Universitario, una práctica institucionalizada en varios países de América Latina como México o Venezuela, es otro mecanismo que permitiría profundizar la interacción entre la Universidad y las organizaciones sociales. El Servicio Social Universitario permitiría: a) desarrollar en los estudiantes los valores de la solidaridad y el compromiso con el bienestar colectivo; b) integrar el conocimiento teórico práctico aprendido en las aulas con una experiencia cognitiva desarrollada de manera interdisciplinaria y en contacto con las problemáticas más acuciantes del país; c) profundizar la relación entre la Universidad y los problemas nacionales, permitiendo generar un vínculo de retroalimentación entre las funciones de extensión, docencia e investigación, que facilitará readecuar los contenidos curriculares y las tareas de investigación en función de las necesidades y desafíos del proceso de desarrollo nacional; d) la democratización crecientemente de la Universidad: democratización de saberes y tecnologías, democratización de las formas de construcción de esos saberes a partir de incorporar los saberes y experiencias populares, democratización a partir de reestructurar la Universidad en base a las necesidades nacionales, democratización a partir de integrar al conjunto de la comunidad universitaria y a la comunidad toda, al proceso de elaboración de una universidad nueva; e) promover el trabajo interdisciplinario, como forma de abordaje de la realidad; f) desarrollar conocimiento y tecnologías vinculadas al desarrollo nacional, ejerciendo una verdadera soberanía cognitiva o autonomía científica; g) promover la planificación estratégica del Sistema de Educación Superior, detectando las demandas nacionales y orientándose en función de las mismas, a la vez que incorporando a los distintos actores sociales y estatales en el diagnóstico, elaboración y ejecución de las distintas políticas.

La relación entre las universidades nacionales y las organizaciones sociales puede, sin duda, constituirse en una de las claves para la dinamización del proceso de desarrollo social y productivo del país, generando un vínculo de retroalimentación que permita integrar a la Universidad de manera activa y crítica en el proceso de reconstrucción nacional, jerarquizándola y adecuándola en tanto factor de desarrollo social y productivo; y que fortalezca los niveles organizativos populares, cooperando en la resolución de las grandes problemáticas sociales y nacionales.

En este sentido, el investigador brasilero Renato Dagnino, propone el concepto de exvestigación, construir conocimiento “hacia afuera”, junto a los estudiantes y los movimientos sociales, un conocimiento orientado hacia los problemas. Esto permitirá diseñar una política científica y tecnológica autónoma, que atienda a nuestras necesidades y que valorice las funciones de extensión como creadoras de conocimiento, contra aquellas concepciones de evaluación académica que sólo privilegian la contabilización de artículos en revistas internacionales.

Por todo esto, el nuevo modelo universitario no puede surgir sino de un intenso vínculo con el proceso de transformaciones abierto en nuestra patria. Porque, como escribió José Martí en Impresiones de América: “… al mundo nuevo corresponde la Universidad Nueva…”

* Este artículo fue publicado por el compañero Santiago Martorelli (Secretario de Organización del Movimiento Evita) en “Participación e Innovación en la Educación Superior. Para que el conocimiento nos sirva a todos” (Programa Nacional de Voluntariado Universitario, Ministerio de Educación de la Nación, octubre de 2007), y recoge la elaboración de nuestra fuerza en torno a la problemática universitaria y su relación con los desafíos del proceso político y social en marcha en nuestro país.

Notas:

1- Jauretche, Arturo, “Los Profetas del Odio y la Yapa”, Ed. Corregidor, Buenos Aires, 2004, p. 136.

2- Aa. Vv., “Universidad y Estudiantes. Universidad y Peronismo”, Ed. Libera, Buenos Aires, 1965, p. 52.

3- Recalde, Aritz e Iciar, “Universidad y Liberación Nacional”, Ed Nuevos Tiempos, Buenos Aires, 2007, p. 77.

4- Wainztok, Carla, Cendali, Florencia, “Universidad y extensión: un proyecto pedagógico-político” (proyecto de investigación), en Revista del Seminario “Universidad, Proyecto Nacional y Estado”, Número 1, Septiembre/ Octubre 2004.

5- “Recuperando la experiencia del Proyecto Maciel (Entrevista a Juan Carlos Marín)”, en Revista del Seminario “Universidad, Proyecto Nacional y Estado”, Número 1, Septiembre/ Octubre 2004.

6- Documentos del Seminario de Tucumán convocado por la FUA en 1962 en Ceballos, C. “Los estudiantes universitarios y la política” (1955-1970), Centro Editor de América Latina, Buenos Aires, 1985, p. 63.

7- Cámpora, H. “La Revolución Peronista”, EUDEBA, Buenos Aires, 1973, pp. 158-159.

8- Villanueva, Ernesto, “Una gesta poco conocida”, en Dossier del Movimiento Universitario Evita, 2006.

9- “Bases para la Nueva Universidad”, Cátedra Libre por el Pensamiento Nacional y Popular “Rodolfo Achem y Carlos Miguel”, La Plata, 2007.

10- Idem.

11- Idem

12- Recalde, Op cit., pp. 305-306.

13- “… el trabajo sobre la realidad de barrios obreros y marginales además de aportar en términos de servicio concreto a la comunidad, estaba concebido como uno de los momentos de integración teórico práctica que era la base de la nueva formación…”. (Vázquez, S. La Universidad Nacional y Popular. Un espacio alternativo para la vinculación entre los intelectuales y el pueblo, Informe de investigación. Proyecto APPEAL. Marzo de 1987, p. 71).

14- Lorca, Javier, “Subsidios para la hermanita pobre de la investigación y la docencia”, Diario Página 12, 22 de junio de 2004.

sábado, 15 de marzo de 2008

Universidad y Peronismo, hacia una superación histórica de la Reforma (Aritz Recalde)


La irrupción de los sectores populares y la apertura de democracia de masas en el país de la mano del programa político peronista, traería aparejada no pocas dificultades al gobierno entrante. Por un lado, la nueva fuerza política se enfrentaría con los grupos de poder económico tradicionales ligados al sector agroexportador o al capital extranjero, ya sea aquellos como la Sociedad Rural o la UIA. Asimismo y por otro lado, el peronismo generaría un fuerte rechazo en muchas de las instituciones políticas y culturales típicas del proyecto de país liberal consolidadas desde hacía varias décadas tras las figuras presidenciales de Rivadavia, Mitre, Roca o Justo. La universidad argentina en este marco, oficiaría como una palanca de ingreso de las ideas y teorías liberales favorables al capital extranjero y además, operaría como una escuela de funcionarios para hacer girar el engranaje de producción y reproducción del esquema neocolonial dependiente y pastoril argentino.

A partir de aquí, que dicha institución a la hora de la aparición del peronismo conservaría fuertemente su perfil e idiosincrasia tradicionalmente aristocrática, renuente al cambio social y económico industrial nacional y generalmente sus docentes eran de ideología liberal y desde aquí e históricamente, poseedores de una concepción anti popular. Previo al año 1945, dicha característica sería cuestionada, por lo menos en parte, por la reforma del año 1918 que y lamentablemente y tras la decadencia del partido radical, pasaría a los anaqueles del olvido bajo las cátedras de docentes estrechamente ligadas al capital extranjero y los negocios de país agrícola dependiente. De aquel ímpetu reformista poco quedaría concretamente en muchas facultades de aquellas 6 universidades argentinas que llegaban al año 1946 (1) tras una “primavera docente” durante la década infame, caracterizada por la complicidad universitaria con el esquema político de la “concordancia” bajo los acuerdos de sectores de los partidos socialistas y radicales con el régimen militar.

Esta desconexión entre la universidad y el país real y profundo, tendría varias dimensiones. Por un lado, existirían problemas de índole cultural o ideológico de los docentes y alumnos, cuestión que los llevaría a mantener un fuerte rechazo a las expresiones organizadas del movimiento obrero. A partir de aquí, muchos de ellos se comprometerían orgánicamente en la Unión Democrática, posteriormente algunos docentes renunciarían de la universidad en 1946 y finalmente y además, jóvenes y profesores formarían parte de las acciones militares y terroristas de junio y septiembre del año 1955 y posteriores de los “comandos civiles”. Pero más allá de la acción individual en cada caso, lo que era innegable además para definir la “desconexión” universitaria, era el perfil de las investigaciones y la formación de la educación superior, tradicionalmente liberales e europeístas en su ideología, como asimismo, renuentes a textualizar o desarrollar los temas y las carreras industriales acordes al país de las décadas del cuarenta. Era la universidad de un país soñado para ser una granja inglesa, económicamente y políticamente dependiente y socialmente desigual, anhelado por una aristocracia o clase media de espaldas a la argentina trabajadora y sufriente.

El peronismo a partir de aquí, tuvo que enfrentar esta desconexión de la universidad con el país, cuestión que implicaba un complejo proceso de negociación y de paulatino avance con cada uno de los claustros en pos de articular la universidad al programa de la revolución. Pese a las resistencias encontradas, dos golpes militares de por medio, podemos decir que el peronismo legaría a la universidad varios hechos de suma importancia para la educación superior vigentes hasta la fecha. Incluso, podemos afirmar, que el peronismo sería el protagonista de la ejecución concreta de los planteos de la reforma del año 1918 actualizándola y superándola dialécticamente para ajustarla a la democracia de masas (2).

Por un lado y solo con Perón en el gobierno, se sancionarían tres leyes Universitarias, oficiando a partir de aquí, como el primer gobierno en sancionar una ley desde 1885, pero además, como el gobierno democrático que mayor cantidad de leyes de educación superior sancionaría en la historia del país: 13.031/47, 14.297/54 y 20.654/74. Estas tres leyes expresarían en un esquema jurídico normativo todos y cada uno de los fines de los verdaderos reformadores del año 1918, incluso, superándolos ampliamente. Por un lado y para expresarlo concretamente, durante los primeros 10 años de gobierno y por citar algunas cuestiones:

a- Ampliación de las matriculas y democratización del ingreso (3): se suprimen gran parte de los exámenes de ingreso, se eliminarían todo tipo de aranceles (4), se desarrollarían un sistema de becas - cuestión que tendría sanción constitucional en 1949-, aparecerían los horarios nocturnos para trabajadores y la Universidad Obrera, etc..

b- Extensión Universitaria: por primera vez se la menciona en la legislación universitaria en el año 1954 y se iniciarían las prácticas rentadas en el Estado. La Universidad Obrera articulaba directamente el conocimiento y la acción práctica en fábrica.

c- Promoción de Carrera prioritarias: por primera vez el Estado establecería Regiones Universitarias y se daría una política de planificación del gasto y la uniformidad nacional de los programas. Se crearía en Consejo de Universidades como ámbito de articulación de políticas públicas. Se desarrollarían (5) las técnicas agrarias, la ingeniería del petróleo o la investigación oceanográfica, etc. Aparecerían los grupos de investigación antecedentes del CONICET.

d- Ingreso de Estudiantes latinoamericanos (6): se avanzaría en el reconocimiento de títulos, en la formulación de congresos científicos internacionales de primer nivel y en el desarrollo de intercambio estudiantil.

e- Vinculación obrero estudiantil: por primera vez se tenderían los puentes concretos para esta unidad. Tanto dentro del aula al democratizar el ingreso, como asimismo, a partir del fomento de las agrupaciones estudiantiles como la CGU o la UES.

f- Defensa de la cultura nacional: por primera vez aparecería como objetivo de la universidad la divulgación de los valores y tradiciones de nuestro país. Asimismo, se introduciría en la legislación universitaria la importancia de la defensa del patrimonio no solo espiritual, sino además, económico y político de la nación.

En definitiva, el peronismo en sus diez años de gobierno nos legaría la gratuidad, los primeros pasos en la articulación concreta obrero estudiantil, la existencia de carreras prioritarias para la industrialización, el aumento inmenso del presupuesto, la creación del Ministerio de Educación, el fomento del latinoamericanismo y el antiimperialismo de la juventud y varios proyectos de universidades y carreras. Estos profundos cambios y por si fuera poco, serían desarrollados por un gobierno popular y democrático, que entre otras cuestiones, daría a la autonomía universitaria sanción constitucional en el año 1949. En definitiva y para sintetizarlo, con el peronismo en sus primeros diez años aparecería la noción del “derecho social a la educación superior” y la “cultura de la industrialización y el pleno empleo” como fines culturales y políticos estratégicos nacionales.

Asimismo, el peronismo nos dejaría como legado varias innovaciones en diversos ámbitos de la universidad, muchas de ellas aún vigentes. Por ejemplo, la ley 20.654 de 1974 introdujo la participación en el gobierno de la universidad de los trabajadores no docentes. Asimismo, dicha ley permitía el ingreso a la universidad -previo examen- a los trabajadores que no hayan cursado el ciclo educativo secundario. Por otro lado, esta norma planteaba la implementación concreta del nacionalismo revolucionario al prohibir la práctica docente a aquellos profesores vinculados a las empresas trasnacionales. En este sentido, no podemos dejar de mencionar la inmensa lista de actividades de articulación universidad y sociedad (7). Por un lado, la universidad durante el peronismo avanzaría en la gestión abierta en año 1973 en la articulación con las políticas públicas desde la firma de convenios con el gobierno nacional y provincial. Por otro lado, desarrollaría mecanismos institucionales internos para la articulación con el medio como serían en la UBA los Centros Piloto de Investigación Aplicada (CEPIA), el Centro de Estudio del Trabajo o los programas de los consultorios barriales, la fabricación de medicamentos, de alfabetización o de vivienda social. No viene mal recordar que en el plano docente y durante la década de sesenta y setenta se desarrollarían las Cátedras Nacionales que oficiarían como los ámbitos de formación de muchos dirigentes políticos del país.

Más allá de la gran cantidad de medidas implementadas, lo que el peronismo universitario nos legaría fue un intento de articular la educación superior a la democracia de masas en una nación a medio camino y en el transito a su emancipación política, económica, social y cultural. En este sentido, las décadas de sesenta y setenta verían por primera vez en la historia nacional una articulación masiva entre las organizaciones libres del pueblo y los universitarios. Las dos dictaduras, la de los años 1955 y 1976, cortarían este ímpetu democrático y liberador y muchas universidades regresarían en el tiempo y llegarían al sigo XXI tras una concepción anacrónica y conservadora de la autonomía, más propia del siglo anterior que de los desafíos y anhelos que esta demandando actualmente el pueblo argentino



(1) Las Universidades eran la de Córdoba, la UBA, La Plata, Cuyo, Litoral y Tucumán.
(2) El peronismo actualiza la reforma del año 1918 al articular la universidad a una revolución de obreros industriales dejando atrás las concepciones vanguardistas de los universitarios ya caducas hacía décadas. El punto de partida de tal epopeya política y cultural nacería de priorizar los “fines” de la universidad (la emancipación de un pueblo y la participación juvenil en ese proyecto) y no los “medios” (el gobierno interno de la isla democrática). Los universitarios levantaron los “medios” como bandera tras una desviación del concepto de “autonomía, para enfrentar la revolución y los verdaderos y únicos fines de la juventud que es ver liberado a su pueblo de la violencia social, económica, cultura y política.
(3) Además de la gratuidad al eliminar aranceles, el gobierno desarrollaría una economía de bonanza, único medio para el ingreso concreto de los trabajadores a la universidad.
(4) Decretos 29.337/49 y 4.493/52.
(5) Se inició la Ciudad Universitaria, la obra del Hospital Escuela, la Facultad de farmacia (antes Escuela) y se formularían los proyectos de las universidades nacionales del Sur y la Mesopotamia. Jorge A. Taiana, “La Universidad Peronista”, Primera Plana N° 498 15/VIII/72.
(6) Debemos decir además, que los antecedentes del Mercosur se pueden buscar en el pacto ABC firmado por Perón entre Argentina, Brasil y Chile. Asimismo, a nivel sindical se desarrollaría el ATLAS.

(7) Universidad y Liberación Nacional, Ed. Nuevos Tiempos, Mayo de 2007.

miércoles, 5 de marzo de 2008

[Patria Grande] Nuestra unidad, su peor pesadilla. Apuntes sobre Ecuador y todo el Sur

¿Porqué?

Gabriel Fernandez *

La situación, pese a la intensa campaña propagandística, es bastante clara:
en términos locales, el gobierno de Colombia necesita arrinconar a las FARC
en la insurgencia para evitar su presencia política nacional; en el terreno
continental, los Estados Unidos y otros intereses internacionales anhelan
desestructurar el proceso de unidad latinoamericana que protagonizan, entre
otros, Ecuador y Venezuela.

Cuando los guerrilleros intentaron, más de una década atrás, insertarse en
la vida electoral colombiana, recibieron una respuesta clara del Estado: las
tropas regulares y los paramilitares --origen directo del actual presidente
Alvaro Uribe-- les asesinaron 3.000 militantes. Así se explica hoy la
elección de Raúl Reyes como víctima de la condenable invasión a Ecuador: se
trataba de una puerta hacia la entrega de otros rehenes.

Es que lejos de ser un grupo terrorista, las FARC controlan más del 50 por
ciento del territorio colombiano; esto sería imposible si carecieran de
representatividad entre el campesinado y las poblaciones del interior. Quien
piense que el enlace entre la guerrilla y esas regiones es apenas a punta de
pistola, tiene una lectura simple de la vida popular. En verdad es Uribe el
delegado de una porción minoritaria de la ciudadanía colombiana, en algunas
ciudades importantes.

Lo ocurrido en Ecuador el sábado pasado no es otra cosa que la continuidad
de las incursiones ilegales contra la soberanía de los vecinos que los
grupos paramilitares, impulsados por Uribe con asistencia norteamericana,
vienen desplegando desde hace varios meses a esta parte. Ahora, los
resultados han sido más espectaculares, pero los ataques contra el
campesinado venezolano son habituales y las víctimas carecen de renombre
internacional.

De hecho, la movilización militar hacia la frontera dispuesta por el
presidente Hugo Chávez se produce recién esta semana debido a la política
bolivariana de no aceptar provocaciones por parte del gobierno colombiano.
Sin embargo, el gobierno revolucionario podría haber hecho uso de esa
legítima determinación el año pasado, sin que nadie tuviera derecho a alzar
la voz en su contra. A decir verdad, el último interesado en el diálogo y la
paz, a pesar de la intensa declamación, es el gobierno de Colombia.

En tanto, los Estados Unidos perciben la necesidad de relevar su escuálido
desarrollo industrial con acciones armadas cada vez más audaces. Si por un
lado necesitan de la producción de armamentos, también desean sostener otro
de sus principales negocios, el narcotráfico, en el cual el país que dirige
Uribe cumple funciones sumamente específicas. Pero fundamentalmente, saben
que la coalición dispar entre Ecuador, Venezuela, Bolivia, Argentina,
Brasil, posee un potencial extraordinario y que la gestación del Banco del
Sur es una amenaza para las alicaídas finanzas centrales.

Dato más, dato menos, esos países han tenido en las décadas anteriores
relaciones bilaterales estrictas con el Norte, que consistieron
--básicamente-- en entregar dinero, empresas y riquezas naturales. Con
todas las dificultades y desajustes presentes, el último lustro les ha
mostrado que el nexo multilateral les permite capitalizarse sin quedar
atados a los vaivenes críticos de la papelería norteamericana, acceder
a recursos naturales no renovables sin demasiadas exigencias y
comerciar en términos normales con la vecindad.

Como resultado general aunque parcial de este proceso, se pueden señalar dos
conclusiones que no por obvias resultan menos trascendentes: las economías
latinoamericanas han crecido bastante más que la norteamericana. Pelearse
con el grandote del barrio ha sido siempre un riesgo, a menos que sus
músculos devengan fláccidos y sus manoplas --pesadas, de todos modos--
carezcan de la agilidad que brindan brazos firmes y bien entrenados.

Todo el mundo, excepción hecha de los numerosos zonzos que hacen caso a la
Sociedad Interamericana de Prensa, sabe que las cosas son así. Si Dios
existiera perdonaría este exceso en la aseveración rotunda. Todo el mundo,
menos los seguidores de los medios que participan de la algarada, sabe que
hay intereses locales e internacionales que trabajan arduamente para evitar
la paz en la región.

Una paz que consistiría, elementalmente, en admitir la soberanía popular en
cada país, permitiendo que los gobiernos elegidos por sus pueblos
desarrollen las políticas que deseen.

Los argentinos y no pocos latinoamericanos ya sabemos que la paradoja se
recrea continuamente: quienes devalúan las decisiones colectivas e impulsan
acciones militares destinadas a obturarlas, hablan de democracia. Algunos
payasos perversos, de esos que estuvieron ligados a la dictadura regenteada
por Videla y Martínez de Hoz, se permitieron --con afán crítico "presente"--
comparar a Chávez, elegido nueve veces a través del voto libre, secreto y
universal, con aquél régimen.

Si el actual camino de unidad subcontinental se deteriora, las primeras
víctimas serán los pueblos del Sur. Todo lo demás es cháchara promovida por
los militantes de nuestra pobreza. Nítidos herederos de aquellos que desde
estas mismas tierras combatieron a Simón Bolívar y José de San Martín.

Nuestro crecimiento es su derrota. Nuestra unidad, su peor pesadilla.

* Director Revista Question Latinoamérica / Director La Señal Medios